Es de sobra conocido por todos que los llamados “encuentros amistosos” entre las selecciones de las comunidades autónomas se han convertido, de la mano de los socialistas y los partidos secesionistas catalanes y vascos, en una exaltación del odio a España, el nacionalismo más violento, la xenofobia y las premisas independentistas. No hay más que recordar el triste y patético espectáculo de hace un año, auspiciado por los presidentes de las dos comunidades autónomas implicadas. Los representantes electos por ciudadanos españoles para ocupar puestos de responsabilidad en instituciones españolas (pues así lo son la Generalidad de Cataluña y el gobierno regional vasco) envueltos en los festejos obscenos de aquelos que no respetan a quien les da la libertad.
No hablamos ya de encuentros deportivos anuales que sirven para festejar la diversidad de España, con equipos de cada comunidad autonoma jugando algún amistoso contra algún combinado de un pais -para entrenamiento de estos últimos y disfrute de los espectadores del lugar- o contra otros equipos regionales, en un sano ejercicio deportivo. No, en manos del secesionismo se convierten en actos de violencia verbal y gestual contra el orden democrático, auspiciados por las autoridades. Se calienta el ambiente y se insulta sin medida, solo hace falta ver los anuncios emplados en Vasconia y Cataluña. Puro nacionalismo destilado, pagado con el dinero de todos los españoles.
Y ahora es cuando llega el momento de que los “defensores de la raza celta”, los nacionalistas gallegos, se suban al carro y sigan el camino marcado por los catalanistas y los aberchales. Se prepara el “Galiza-Camerún” (Sí, “Galiza”, ese nombre inventado por los nacionalistas, que nadie en Galicia usa) con toda la preparación y la colaboración del bigobierno gallego. La secretaria general de deportes se apunta a la festividad nacionalista, con declaraciones que dan vergüenza ajena, y las juventudes nazi(onanisntas) se organizan para llamar la atención. Como ya ha hecho en Cataluña el PSOE colabora y da dinero público para semejante aberración.
Así, una vez más vemos como el nacionalismo consigue corromper algo tan puro como el deporte, que une culturas y pueblos. Algo tan español como el futbol, que con los colores de nuestra verdadera selección -la de rojo- consigue unir a todos los españoles por encima de las ideas políticas y personales, fragmentado y desmenuzado y destrozado bajo las garras del nacionalismo.